Hice esta foto de mi hija pequeña hace tres semanas en Besalú. Tuve mi primera experiencia de uso de un ordenador en 1.981. Con solo 6 años, no estaba yo por plantearme que a mis actuales 42, estuviese dedicando mi vida profesional a intentar averiguar cómo será la tecnología de los próximos 10 años, a aplicar la actual lo más rápidamente posible y a pensar cómo esta debe dar respuesta a los retos de negocio en el futuro a corto, medio y largo plazo. Añado a todo esto la educación de mis hijas y pienso cómo encajar lo anterior en el ámbito de su educación y su orientación profesional.

¿Cómo serán los profesionales de los próximos 20 años? ¿Cuáles serán los retos laborales y sociales en mundo transformado tecnológicamente, en el cual el papel del ser humano aún no está definido? ¿Habremos conseguido concienciarnos ya de los problemas ambientales y de sostenibilidad con la suficiente agilidad como para que en 2030 quede algo no artificial en el planeta?

Mis hijas ya son ciudadanas de un mundo globalizado, interconectado y mucho más pequeño que el que conocí yo a su misma edad. El reto como padre y como profesional es abrumador. Creo que los valores nos ayudarán a sobrevivir ahora y a preparar un futuro mejor para nosotros y para las siguientes generaciones.